Los reguladores energéticos aprobaron una nueva estructura tarifaria para grandes consumidores de electricidad, con el fin de atraer inversiones industriales estratégicas sin aumentar los costos para los hogares. El esquema ofrece precios más predecibles y contratos a largo plazo, protege a los consumidores residenciales y busca equilibrar crecimiento económico, sostenibilidad energética y estabilidad del sistema.