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Coco and Latinx Representations in American Cinema


 

 Coco and Latinx Representations in American Cinema

By Joe Cruz (Twitter: @firstaveragejoe)

Joe Cruz (Twitter: @firstaveragejoe)

Coco, Pixar’s most recent animated feature, has stimulated discussions about the presence of Latin Americans in front of and behind the movie camera, and with good reason. After accumulating almost 600 million dollars in the international box office in 2017, it became one of the year’s most popular films among audiences of all strides. Even more impressive, the animated production found significant embrace in Latin America, and particularly Mexico, where it became the country’s most financially successful movie to date. And to culminate a year of great news, Coco won the award for best animated feature at the most recent Golden Globe Awards. However, the film’s financial and critical impetus may be insufficient to alter the narratives of exclusion that have, for some time, plagued certain aspects of the American cinematic industry.

Despite being the largest ethnic minority in the United States, Latinx representations on the big screen are surprisingly limited and inadequate. Perhaps the presence of celebrities like Jennifer Lopez (Ice Age: Collusion Course), Michael Peña (Ant-Man), y Salma Hayek (Beatriz at Dinner) in important Hollywood productions makes us forget that their increasing visibility is an exception. According to a report by The Center for the Study of Ethnicity and Race at Columbia University, when compared to previous eras, there are less Latinx characters in cinema than ever before, and they are typically portrayed in stereotypical ways (e.g. criminals, objects of desire). Additionally, production crews are even less diverse, in a country where almost 20% of the population identifies as Latinx.
Coco offers some refreshing exceptions to this trend. The film unfolds during Día de los Muertos (“Day of the Dead”) in a fictional version of the Mexican municipality of Santa Cecilia. The audience is immediately introduced to Miguel, a kid who dreams of becoming a musician, but instead must work as a shoe shiner for his family’s shoemaking business. As a stubborn brick wall standing between Miguel and his dreams there’s abuela Elena, an obstinate but caring woman who loathes music due to her family’s tragic and mysterious past. In clear defiance to his abuela’s wishes, Miguel decides to pursue a career as a musician and gets caught in a pickle. As a result, the unlucky child ends up trapped in the world of the dead! And thus, Miguel journeys through this paranormal reality in a quest to reconcile his identity and dreams with his family’s legacy. Despite the macabre elements of the film, the story is weaved in a subtle and often humoristic manner, offering unique family entertainment for young and old to enjoy alike.

In the film, the harmony between the vibrant countryside and the post-colonial flavor of the architecture construct a breathtaking landscape that is inherently Mexican. Sometimes it’s not difficult to forget that one is watching an animated film. Yet, it is the character motivations and their interactions that elevate Coco above similar animated features. In essence, the film celebrates open communication between family members; a trait—some dare say—characterizes Mexican and Latin American families. The story presents older adults as indisputable sources of wisdom, and most importantly, our strongest connections to our history and culture. Even as Miguel follows the traditional, typically individualistic, “hero’s journey”, his quest is, at its core, a family enterprise. Coco triumphs as cinematic spectacle because its luminant visuals and catchy music exist to highlight—not overwhelm—its important message. The film celebrates the communitarian roots that for so long have connected Latinx groups imaginarily across the United States, and the world.

In short, Coco is an experiment in cultural and ethnical inclusion that is successful to some extent. Its fearless celebration of Mexican and Latinx traditions disrupts some of the toxic stereotypes that have limited the work of various actors of Latinx ancestry in the United States. Behind the cameras, a diverse group of creative individuals collaborated in such a meticulous production. Renowned Mexican American (e.g. Edward James Olmos) and Mexican (e.g. Gael García Bernal, Ana Ofelia Mungía) actors voiced the colorful cast of characters. The film’s co-director, Adrian Molina also identifies as Mexican American. The final credits thank various consultants—mostly of Mexican descent—who guided the film’s cultural sensibilities. In short, Coco provides a much-needed voice to Latinx histories and the diverse creative talent that adapted them to the big screen.
Of course, there’s still much to consider. Coco’s success navigating both complex cultural landscapes and the global box office doesn’t erase the exclusivist reality of American filmmaking. The U.S. Department of Labor estimates that Latinx workers constitute less than 10% of the entertainment industry. Perhaps Coco represents a new production model in which Latinx histories and characters prove successful enough for producers to green light en masse. The film also proposes a model in which production personnel is much more diverse, and thus, more attuned with the stories they craft. As a result, universal, yet uniquely Latin American stories may emerge.


 

 Coco y la Presencia Latina en el Cine Americano

Por Joe Cruz (Twitter: @firstaveragejoe)

Joe Cruz (Twitter: @firstaveragejoe)

El éxito taquillero global de Coco, la más reciente película animada de Pixar, ha despertado nuevas interrogantes acerca de la presencia latina frente y detrás de las cámaras del cine americano. Después que acumular casi 600 millones de dólares en ventas de taquilla en mercados internacionales durante el 2017, Coco se posicionó entre las primeras 15 películas mas populares del año. Más impresionante aún, la producción encontró una acogida significativa en Latinoamérica, y particularmente en México donde se convirtió en la película más exitosa en la historia del país. Y para coronar un año de buenas noticias, Coco fue galardonada el premio de mejor filme animado en la pasada entrega de los Globos de Oro (Golden Globes). Sin embargo, esta demostración increíble de ímpetu financiero y crítico de una película que celebra tradiciones latinas probablemente no sea suficiente para alterar la narrativa de exclusión que plaga a la industria de cine americana.

A pesar de ser la minoría étnica más numerosa en los Estados Unidos, la presencia de personajes latinos en la pantalla grande es limitada. Quizás cuando vemos a celebridades como Jennifer López, Michael Peña, y Salma Hayek protagonizar producciones reconocidas olvidamos que ellos son la excepción. Un reporte del Centro para el Estudio de la Etnicidad y la Raza de la Universidad de Columbia encontró que, en comparación con décadas anteriores, la presencia de personajes latinos en el cine americano ha mermado. Y cuando estos actores alcanzan partes importantes en filmes, sus personajes tienden a responder a estereotipos gastados, como criminales y objetos de deseo. Para completar, el personal de producción cinematográfica del país tiene una cantidad minúscula de trabajadores latinos.

Coco ofrece varias excepciones a esta tendencia. La historia se desarrolla durante la celebración de Día de los Muertos en una versión ficticia de Santa Cecilia, México. Allí somos introducidos a Miguel, un niño que trabaja de limpia botas, pero que sueña con convertirse en músico. En oposición a los planes de Miguel se encuentra su abuela Elena, una mujer obstinada pero amorosa que detesta la música debido a una tragedia misteriosa que corroe el pasado de la familia. En claro desafío a los deseos de su abuela, Miguel decide abandonar sus responsabilidades como limpia botas para seguir una carrera como músico. ¡Como resultado, el pobre niño queda en un enredo y por error, queda atrapado en el mundo de los muertos! Y así, Miguel emprende en una aventura paranormal que lo obliga a reflexionar acerca de su identidad, sus sueños, y el legado de su familia. A pesar de las cualidades macabras de la historia, esta es presentada de forma humorística y muy sutil, convirtiendo a Coco en entretenimiento sano para el disfrute de grandes y chicos.
La armonía entre el ambiente campestre y la arquitectura post-colonial resaltan un paisaje inherentemente mexicano. Pero es la motivación de los personajes y sus interacciones lo que eleva a Coco sobre recientes ofertas del cine animado. En esencia, el filme celebra la unión familiar que destaca tanto a las familias mexicanas, como a las de otros países latinos. La historia presenta a los adultos de edad avanzada como fuentes de sabiduría, y nuestras primordiales y más accesibles conexiones a nuestra historia y cultura. A pesar de que Miguel es el protagonista de la película, su aventura no pudiese ser completada sin los consejos de sus familiares adultos (tanto vivos como muertos). Coco triunfa como espectáculo cinematográfico porque se atreve a celebrar las raíces comunitarias que por tanto tiempo han unido imaginariamente a grupos latinos en y fuera de los Estados Unidos.

Coco es un experimento de inclusión cultural y étnica que es exitoso en gran parte. La trama celebra tradiciones mexicanas y latinas que quebrantan los estereotipos que por mucho tiempo han limitado el trabajo de latinos talentosos en los Estados Unidos. Y detrás de las cámaras, un equipo creativo muy diverso colaboró en tan meticulosa producción. El elenco de voz incluye reconocidos actores de descendencia mexicoamericana (e.g. Edward James Olmos) y mexicana (e.g. Gael García Bernal, Ana Ofelia Mungía). El codirector Adrián Molina también se identifica como mexicano. En los créditos finales, la producción le agradece a consultores—en su mayoría mexicanos—quienes supervisaron las sensibilidades culturales del filme. En fin, es una película que se esforzó en brindar una voz al las historias latinas y al talento que las llevó a la pantalla grande.

Por supuesto, hay mucho camino por recorrer. A pesar del éxito en ámbitos culturales y monetarios de Coco, trabajar en el cine americano continua siendo un gran reto para los latinos. El Departamento del Trabajo de los Estados Unidos estima que los latinos componen menos de un 10% de las posiciones en la industria del entretenimiento. Quizás Coco representa un nuevo modelo de producción a seguir, en el cual mas historias y personajes de descendencia latina prueban exitosos en mercados internacionales y domésticos. El filme propone un modelo en el que el personal de producción es más diverso, y como resultado, construye historias universales, pero que a la vez preservan cualidades únicas del legado cultural latinoamericano.

                                               


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