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Mexico’s Election Aftermath: The establishment’s three parties face worst defeat in decades



Morena, in its first election participation, beat the Mexican establishment’s three main parties.

The past July 1st election was Mexico’s most important to date. It saw the biggest public participation in history, with around 70% of the electorate casting their ballots. It also marked the first time a leftist candidate won the highest office in Mexico and gained control of Congress and the Senate.

For the three parties that long held control of the country and its 31 states and Federal District –Mexico City–, it meant a shake-up like they hadn’t seen before. Centrist party PRI, conservative party PAN, and leftist party PRD all lost to the president-elect’s newly-found leftist party MORENA, which captured most of the progressive vote and a good part of the moderate vote who was displeased with the right-left coalition led by PAN’s candidate Ricardo Anaya.

The three parties got their worst result ever in a presidential election since 1994. And they lost a combined 21 million votes in comparison to 2012.

López Obrador’s bet to run for a third time in office with a different party, of which he is a founder, proved to be a gamble that paid off wondrously as he captured more than half of the total vote and gained control of both houses.

AMLO, as he is often named, led his party to a historic win that will seat 310 congressmen of his coalition. In comparison, PRI will have 45, PAN will have 83, and PRD will have only 21.

Despite being seen as the biggest loser in the past election, PAN was not the most affected political party. In fact, it only lost control of one state, losing Veracruz to AMLO’s MORENA candidate.

Its political fracture, however, is seen as the most evident. Presidential candidate Ricardo Anaya finished second place despite forming a coalition with left-wing party PRD in order to prevent a López Obrador win. By forming an alliance with a leftist party, it compromised the party’s agenda and ousted long-time members such as Margarita Zavala, a former first lady and independent candidate who was seen as the more deserving choice for the nomination.

However, the past result in the election was a clear repudiation of the party in power, PRI, and Mexico’s outgoing president Enrique Peña Nieto. PRI finished third place, six years after winning the presidential election and a majority in both Congress and the Senate. Its candidate, José Antonio Meade, was seen as a capable yet uncharismatic character who was unable to escape the shadow of the administration’s corruption scandals and spiral of violence that have engulfed the country.

PRI lost two states, Jalisco and Yucatán, and will stop governing over almost 10 million Mexicans.

PRD was by far the party that performed the worst in this year’s election. Not only did they fail to postulate a candidate of their own, since PAN’s Ricardo Anaya was the coalition candidate, but they also lost their standing as Mexico’s most prominent progressive party after alienating López Obrador.

PRD lost three out of the four states that it governed and saw its long-standing control of Mexico City move to MORENA control as it lost races for the mayor’s office and many of the city’s districts.

The three parties now face a crisis: they will have to adapt to a new political landscape that will move the country to the left and grapple with less funds for their next political campaigns. In fact, the situation is so dire for PRD that it could lose its affiliation to the National Electoral Institute, since it failed to capture 5% of the electoral vote required to maintain said affiliation.

 

 

 

 


Consecuencias de elección mexicana: los tres partidos del establishment enfrentan peor derrota en décadas

 

Morena, en su primera participación en elecciones, venció a los tres partidos del establishment mexicano.

Las elecciones pasadas del 1 de julio fueron las más importantes de México hasta la fecha. Vio la mayor participación pública en la historia, con alrededor del 70% del electorado emitiendo sus votos. También marcó la primera vez que un candidato izquierdista ganó la oficina más alta en México y obtuvo el control del Congreso y el Senado.

Para los tres partidos que durante mucho tiempo mantuvieron el control del país y sus 31 estados y el Distrito Federal (Ciudad de México) significó una sacudida como nunca antes habían visto. El partido centrista PRI, el partido conservador PAN y el partido izquierdista PRD perdieron ante el recién formado partido izquierdista MORENA, que capturó la mayor parte del voto progresista y una buena parte del voto moderado que estaba disgustado con la coalición de derecha-izquierda dirigida por el candidato del PAN Ricardo Anaya.

Los tres partidos obtuvieron su peor resultado en una elección presidencial desde 1994. Y perdieron 21 millones de votos combinados en comparación con 2012.

La apuesta de López Obrador para postularse por tercera vez en el cargo con un partido diferente, del que es fundador, resultó ser una apuesta que valió la pena de forma maravillosa ya que capturó más de la mitad del total de los votos y obtuvo el control de ambas cámaras.

AMLO, como a menudo se lo nombra, condujo a su partido a una victoria histórica que sentará a 310 congresistas de su coalición en la Cámara baja. En comparación, el PRI tendrá 45, el PAN tendrá 83 y el PRD solo tendrá 21 congresistas.

A pesar de ser visto como el mayor perdedor en las pasadas elecciones, el PAN no fue el partido político más afectado. De hecho, solo perdió el control de un estado, Veracruz, frente al candidato de MORENA.

Su fractura política, sin embargo, resalta como la más evidente. Su candidato presidencial Ricardo Anaya terminó en segundo lugar a pesar de formar una coalición con el partido de izquierda PRD para evitar una victoria de López Obrador. Al formar una alianza con un partido de izquierda, comprometió la agenda del partido y expulsó a miembros de hace mucho tiempo como Margarita Zavala, una ex primera dama y candidata independiente que era vista como la mejor opción para la nominación.

Sin embargo, el resultado pasado en la elección fue un claro repudio del partido en el poder, el PRI, y el presidente saliente de México, Enrique Peña Nieto. El PRI terminó en tercer lugar, seis años después de ganar las elecciones presidenciales y una mayoría en el Congreso y el Senado. Su candidato, José Antonio Meade, fue visto como un personaje capaz pero no carismático que no pudo escapar a la sombra de los escándalos de corrupción de la administración actual y la espiral de violencia que ha envuelto al país.

El PRI perdió dos estados, Jalisco y Yucatán, y dejará de gobernar a casi 10 millones de mexicanos.

El PRD fue por mucho el partido que tuvo el peor desempeño en las elecciones de este año. No solo dejaron de postular a un candidato propio, ya que Ricardo Anaya, del PAN, fue el candidato de la coalición, sino que también perdieron su posición como el partido progresista más prominente de México después de alienar a López Obrador.

El PRD perdió tres de los cuatro estados que gobernaba y vio su control de larga data de la Ciudad de México moverse al control de MORENA, ya que perdió carreras para la oficina del alcalde y muchos distritos de la ciudad.

Los tres partidos ahora enfrentan una crisis: deberán adaptarse a un nuevo panorama político que moverá al país hacia la izquierda y lucharán con menos fondos para sus próximas campañas políticas. De hecho, la situación es tan grave para el PRD que podría perder su afiliación al Instituto Nacional Electoral, ya que no logró capturar el 5% del voto electoral requerido para mantener dicha afiliación.

 

 

 

 


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