La elección de Bad Bunny como artista principal del medio tiempo del Super Bowl refleja un cambio estratégico de la NFL para recuperar relevancia cultural tras años de controversias. Más allá del entretenimiento, la decisión responde al peso global del artista y a la intención de conectar con audiencias jóvenes y diversas, incluso cuando sus posturas públicas generan incomodidad en algunos sectores.