El reciente accidente ferroviario en Adamuz nos recuerda que la vida es profundamente frágil y que basta un segundo para que todo cambie. Detrás de cada cifra hay familias rotas y seres queridos que hoy sufren, y más que explicaciones, necesitan humanidad, silencio y acompañamiento. Este hecho nos invita a vivir con más conciencia, ternura y gratitud, recordándonos que amar, perdonar y expresar afecto nunca deben postergarse.