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Un mazo para Putin

20 hours ago
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Sledgehammer for Putin


Sanciones a Rusia
Sanciones a Rusia

El 16 de septiembre, el Senado y la Cámara de Representantes de EE. UU. entregaron al presidente Donald Trump un arma de destrucción masiva económica capaz de aplastar la economía de Rusia. La ley, promulgada por Trump el 18 de septiembre, otorga al presidente un plazo hasta el 18 de octubre para imponer sanciones demoledoras contra el sector petrolero ruso, sus flotas de petroleros, clientes extranjeros, bancos e intermediarios, a menos que Moscú firme un acuerdo de paz con Ucrania. Esta legislación (la Ley Lindsey O. Graham de Sanciones a Rusia e Irán de 2026) es un golpe contundente. Su aprobación marca un cambio de estrategia respecto a Vladimir Putin: se pasa de ofrecer principalmente «zanahorias» a utilizar el «garrote», al igual que ocurre con la decisión de Washington de esta semana de desplegar miles de tropas estadounidenses adicionales en Polonia y los países bálticos para reforzar la línea del frente de la OTAN. Tales tácticas de presión, sumadas a los recientes avances militares de Ucrania, explican la audaz declaración de Trump ante la ONU de que la guerra terminará «más rápido de lo que la gente imagina».

On September 16, the US Senate and House of Representatives handed President Donald Trump an economic weapon of mass destruction capable of crushing Russia’s economy. The bill, signed by Trump on September 18, permits the President until October 18 to impose crippling sanctions on Russia’s oil, tanker fleets, foreign customers, banks, and intermediaries unless Moscow signs a peace deal with Ukraine. The legislation (the Lindsey O. Graham Sanctioning Russia and Iran Act of 2026) is a sledgehammer. Its passage marks a shift in strategy concerning Vladimir Putin, from offering mostly “carrots” to “sticks”, as does Washington's decision this week to deploy thousands more US troops in Poland and the Baltics to reinforce NATO’s front line. Such pressure tactics, and Ukraine’s recent military gains, are behind Trump’s bold statement at the UN that the war will conclude “more quickly than people understand”.

Trump promulga las sanciones draconianas del fallecido senador Lindsey Graham

Trump signs the late Senator Lindsey Graham’s draconian sanctions

Sin embargo, no basta con estar armado con un «garrote» diabólico. Trump debe estar dispuesto a utilizarlo —ya sea total o parcialmente— y abandonar su estrategia de «diplomacia personal» basada en congraciarse con Putin, ofrecer «zanahorias» y esperar cooperación. Esa estrategia no ha funcionado, pero la amenaza de sanciones punitivas contra la economía rusa y sus clientes petroleros, como China e India, podría ayudar. Trump también debe dejar de ser amable con Putin; por ejemplo, dejar de invitarlo a la cumbre del G20 de este año tras su suspensión en 2014 a raíz de su primera invasión de Ucrania. Trump aún no ha comprendido que, a diferencia de las negociaciones inmobiliarias en Nueva York, aquí se trata de negociar con matones y sociópatas, y no existe una solución en la que todos ganen. La guerra de Putin busca el genocidio: la eliminación de Ucrania, de su pueblo, de su cultura y de sus recursos. Y la única victoria posible para Ucrania es destruir y llevar a la bancarrota a Rusia para evitar que esta los destruya a ellos. Por si fuera poco, Putin no tiene ningún incentivo para detener la guerra, ya que no le importa cuántos miles de desafortunados soldados rusos mueran a diario en la enorme zona de exterminio digital que Ucrania ha creado.

But simply being armed with a diabolical “stick” isn’t sufficient. Trump must be willing to use it, fully or partially, and scrap his “personal diplomacy” strategy of sucking up to Putin, offering “carrots”, and hoping for cooperation. It hasn’t worked, but the threat of punitive sanctions on Russia’s economy and its oil customers like China and India may help. Trump must also stop being nice to Putin, such as inviting him to attend the G20 this year after he was suspended in 2014 following his first invasion of Ukraine. Trump has yet to comprehend that, unlike New York real estate dealmaking, these are negotiations with thugs and sociopaths, and there is no win-win here. Putin’s war is about genocide, eliminating Ukraine, its people, their culture, and assets. And Ukraine’s only win is to destroy and bankrupt Russia so it cannot destroy them. On top of it all, Putin has no incentive to stop his war because he doesn’t care how many thousands of hapless Russian soldiers die daily in the massive digital kill zone that Ukraine has created.

Ahora, el proyecto de ley de medidas contundentes, impulsado por el difunto senador Lindsey Graham, otorga a Trump un plazo de 30 días para imponer sanciones draconianas contra Rusia, sus aliados y los compradores de su petróleo. Esta medida de presión busca iniciar negociaciones, pero Putin, como de costumbre, intentará ganar tiempo. Al preguntársele recientemente si Putin fijaría una fecha para las conversaciones, un portavoz declaró que los ataques con drones ucranianos durante las recientes elecciones rusas habían alterado los «cálculos» de Putin. En otras palabras, no habría reunión. Nada ha cambiado.

Now the sledgehammer bill, authored by the late Senator Lindsey Graham, gives Trump 30 days to unleash draconian sanctions against Russia, its allies, and oil customers. This leverage is designed to start talks, but Putin will play for time as usual. When asked in recent days whether Putin will set a date for talks, a spokesman said that Ukrainian drone attacks during Russia’s recent elections had changed Putin’s “calculus”. In other words, there would be no meeting. Nothing has changed.

Guerra en Ucrania
Guerra en Ucrania

Hasta la fecha, la «diplomacia personal» y los métodos de persuasión de Trump han fracasado con Putin, pero la economía rusa se está debilitando. Moscú acaba de vender la mitad de sus reservas de oro para sufragar los gastos de la guerra. Se está produciendo una corrida bancaria y los sondeos fiables indican que los rusos desean el fin de la guerra contra Ucrania. En Estados Unidos crece el descontento por la actitud complaciente de Trump hacia Putin. Esta semana, un grupo bipartidista de senadores exigió a Trump que retirara la invitación a Putin para la cumbre del G20 que se celebrará en Miami, argumentando que dicha invitación legitima la agresión rusa contra Ucrania. La opinión pública respalda claramente a Ucrania; por ello, la propuesta de medidas contundentes obtuvo un apoyo abrumador en el Congreso y debería aplicarse, ya sea parcial o totalmente. Trump dispone de 30 días para implementar sanciones draconianas que detengan la matanza, a menos que presente al Congreso una justificación válida por escrito para no hacerlo.

To date, Trump’s “personal diplomacy” and persuasion methods have flopped with Putin, but Russia’s economy is weakening. Moscow just sold half its gold bullion to pay war bills. There is a run on its banks, and credible polling shows that Russians want the war against Ukraine to stop. In the United States, there is growing discontent that Trump has been playing footsie with Putin. This week, a group of bipartisan senators demanded that Trump disinvite Putin from the G20 to be held in Miami because they believe the invitation legitimizes the Russian assault on Ukraine. Public opinion clearly backs Ukraine, which is why the sledgehammer received overwhelming support in Congress and should be used, partially or wholly. Trump has 30 days to roll out draconian sanctions to stop the slaughter unless he can come up with a valid reason not to do so in writing to Congress

Mientras tanto, la contraofensiva ucraniana «Vivaldi» —una fuerza de tanques y unidades militares compuesta por robots— presiona a Rusia y ha logrado recuperar en las últimas semanas tanto territorio como el que Rusia conquistó durante el año anterior. Además, Trump ha desplegado 10.000 soldados adicionales en Europa del Este y, según se informa, ha decidido autorizar a Ucrania para que fabrique sistemas de defensa aérea Patriot. Por su parte, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, sigue recabando apoyos —incluso del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan— para lograr un alto el fuego, al tiempo que surgen iniciativas entre los miembros de la ONU para eliminar el derecho de veto de Rusia en el Consejo de Seguridad o expulsarla por completo del organismo. Zelenski afirmó haber abordado la situación del grano en el Mar Negro con numerosos países para presionar a Moscú. «Todo el mundo quiere un alto el fuego», afirmó.

In the meantime, Ukraine’s counter-offensive “Vivaldi”, an army and tank force comprised of robots, puts pressure on Russia and has reoccupied as much land in recent weeks as Russia captured in the past year. In addition, Trump deploys 10,000 more troops to Eastern Europe and allegedly decided to give Ukraine a license to produce Patriot air defense systems. And Ukraine’s President Volodymyr Zelensky continues to garner support from allies such as Turkish President Recep Tayyip Erdogan for a ceasefire, and there are campaigns among UN members to remove Russia’s veto power at the UN Security Council or ban it altogether. Zelensky said he discussed the Black Sea grain situation with many nations to lobby Moscow. “Everybody wants [a] ceasefire,” he said.

La guerra alimentaria de Rusia

Russia’s Food War

El hecho de que Trump haya «firmado» la medida contundente —y otras iniciativas— transmite mensajes importantes:

The fact that Trump has “signed” the sledgehammer and other initiatives sends important messages:

— La paciencia del público estadounidense con Rusia para que detenga su guerra se está agotando.

— The American public is running out of patience with Russia to stop its war.

— Trump se da cuenta de que su intento de negociar acuerdos comerciales con los rusos para poner fin a la guerra no ha funcionado.

— Trump realizes that his attempt to negotiate business deals with Russians to stop its war hasn’t worked.

— Estados Unidos está aumentando la asistencia militar, lo que elevará los costes bélicos de Rusia, ya de por sí inasumibles.

— The US is increasing military assistance that will raise Russia’s already unaffordable war costs.

— Estados Unidos puede devastar la economía rusa con estas sanciones, pero también ofrece a Putin una vía de salida diplomática.

— The US can devastate Russia’s economy with these sanctions, but is also offering a diplomatic off-ramp to Putin.

Si se aplica, la medida contundente será demoledora: Trump puede imponer aranceles de hasta el 500 % a los productos rusos; aranceles de hasta el 100 % a las importaciones procedentes de los cinco principales compradores de crudo o gas natural ruso que sigan comprando después del 18 de octubre; y sancionar a los cinco países principales que ayuden a Rusia a eludir las sanciones petroleras.Asimismo, se aplicarán sanciones a los buques que transporten petróleo ruso y a los bancos extranjeros que operen con Rusia.

If invoked, the sledgehammer will be crippling: Trump can impose tariffs of up to 500% on Russian goods; tariffs of up to 100% on imports from the top five buyers of Russian crude oil or natural gas that keep buying after October 18, and sanction the top five countries that help Russia evade oil sanctions. Sanctions will also apply to ships carrying Russian oil and to foreign banks doing business with Russia.

Sin embargo, al mismo tiempo, Trump contempla ofrecer algunos incentivos adicionales para llevar a Rusia a la mesa de negociaciones. Según informes recientes, está evaluando acuerdos relacionados con el Ártico, las tierras raras, el aluminio y la venta de gas ruso a Europa, con el fin de demostrar buenas intenciones y reactivar las conversaciones de paz estancadas. No obstante, se trata de medidas desesperadas —y de intentos de enriquecer a su familia y allegados— que no pondrán fin al belicismo de Putin. Las guerras son difíciles de detener una vez que han comenzado. Como escribió el teórico militar prusiano Carl von Clausewitz, una guerra nunca termina realmente hasta que la voluntad del enemigo ha sido totalmente doblegada o este ha sido forzado a someterse.

But at the same time Trump contemplates rolling out a few more “carrots” to get Russia to the negotiating table. Recent reports are that he’s weighing agreements involving the Arctic, rare earth metals, aluminum, and sales of Russian gas to Europe to demonstrate good intentions and reactivate stalled peace talks. But these are “Hail Mary passes” – as well as attempts to enrich his family and friends -- that won’t end Putin’s warmongering. Wars are difficult to stop once started. As Prussian military theorist Carl von Clausewitz wrote, a war is never truly finished until the enemy’s will has been entirely subdued or they have been forced into submission.

La actitud complaciente de Trump hacia Putin representa un problema político para él de cara a las elecciones de mitad de mandato, al igual que ocurre con la guerra de Irán. The Wall Street Journal, el diario empresarial de tendencia republicana, expresó sin rodeos su rechazo a la estrategia de Trump respecto a Rusia. En un editorial reciente, el periódico señaló: «El señor Trump recibirá a los jefes de Estado del G-20 en su club Trump National Doral el próximo mes de diciembre. La invitación de Estados Unidos brindará al líder ruso una oportunidad para fotografiarse y demostrar a su pueblo que ya no es un paria en la escena internacional. Se trata de un regalo que supone su rehabilitación global, justo cuando la opinión pública rusa empieza a cansarse de la guerra. El señor Trump podría argumentar que reintegrar al señor Putin en el ámbito internacional aumentaría las probabilidades de que pusiera fin al conflicto. Sin embargo, llevamos años escuchando este argumento, y el señor Putin no muestra señales de abandonar su objetivo de convertir a Ucrania en una filial de su propiedad absoluta. Invitar al dictador a la cumbre del G-20 resulta moralmente ofensivo. Peor aún, podría llevar a los rusos a pensar que él podría salir impune de un ataque selectivo contra la OTAN».

Trump’s pandering to Putin is a political problem for him in the midterms, as is the Iran war. The country’s Republican-leaning business voice, The Wall Street Journal, bluntly articulated its disdain for Trump’s strategy toward Russia. In a recent editorial, it wrote: “Mr. Trump is hosting the G-20 heads of state at his Trump National Doral club in December. The U.S. invitation will give the Russian a photo-op to show Russians that he’s no longer a pariah on the world stage. It’s a global rehabilitation gift even as the Russian public grows tired of the war. Mr. Trump might argue that bringing Mr. Putin back into the global fold could make him more likely to end the war. But we’ve heard this for years, and Mr. Putin shows no sign of abandoning his goal of making Ukraine a wholly-owned subsidiary. Inviting the dictator to the G-20 is morally offensive. Even worse, it might make the Russians think he could get away with a targeted attack on NATO.”

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